19 de abril de 2013

Cuando Boca se hizo Boca.

Posted By: Marisa Belèn Repetto - abril 19, 2013

Boca-JuniorsEn 1925, el equipo realizó una gira por Europa que resultó un hito en el fútbol argentino. Sus notables resultados le garantizaron una popularidad incontenible. En ese viaje también nacieron su himno y el apodo para su hinchada.

El mural ocupa toda la pared externa de la sala de conferencias de Casa Amarilla.

Tiene los colores inevitables: azul y amarillo. Y exhibe una leyenda que ya se transformó en el último de los apodos de Boca: Rey Mundial de Clubes. Adentro, en ese espacio breve, cada viernes Carlos Bianchi le pone palabras al presente incómodo de su equipo.

Los afiches que decoran cuentan la gloria que lo llevaron a ser el más exitoso del club. Muestran festejos: allí están, por ejemplo, las celebraciones de la Libertadores y de la Intercontinental de 2003, sus últimos dos títulos internacionales. Pero mucho antes del eslogan más reciente, Boca ya había sido una suerte de rey universal.

O algo así. El tiempo y otros logros modernos hicieron menos visible aquella epopeya deportiva. Sirven los números de asombro para contarlo: el plantel de 1925 estuvo de viaje 159 días fuera del país, cruzó el Atlántico tras permanecer 22 días arriba de dos barcos distintos, jugó 19 partidos en Europa, ganó 15 (uno de ellos al Real Madrid, como en la Intercontinental de 2000), empató uno y perdió tres. También sirve, sobre todo, una verdad de la historia: en aquel viaje Boca se hizo Boca.

El club ya generaba adhesiones. La idea de realizar una gira por el Viejo Continente se le atribuye a Natalio Botana, dueño del diario Crítica, en conjunto con unos empresarios españoles, que la financiaron. Hugo Marini, Secretario de esa redacción, fue el único periodista que cubrió la gira. El largo camino superó todas las expectativas.
  
Cuenta el periodista e historiador Oscar Barnade, en esta redacción: "Boca no representaba exclusivamente a Boca. Era el fútbol argentino el que viajaba a Europa. No sólo por los refuerzos incorporados sino también por la valoración que los medios y la gente realizó del hecho. A los jugadores los despidieron unas 10.000 personas. Al regreso, en el Puerto había unas 40.000. También en el Interior, a través de la difusión que se le dio a la gira, Boca ganó en popularidad. Aquella gira transformó al club: dejó de ser barrial para convertirse en un fenómeno nacional". Resultó, de algún modo, un segundo nacimiento.
Boca 1925
La invitación a Boca no fue azarosa. Dominaba -junto a Huracán- la Asociación Argentina, la oficial antecesora de la AFA. También venía de ser el bicampeón (1923 y 1924) y de jugar un fútbol que, sostienen, se adelantó a su época. De todos modos, la relevancia de semejante aventura obligó a sumar refuerzos. Se armó prácticamente una selección vestida de azul y amarillo. Doce de los 17 jugadores eran de Boca: Américo Tesoriere, Ludovico Bidoglio, Ramón Mutis, Segundo Medici, Alfredo Elli, Mario Busso, Domingo Tarasconi, Antonio Cerrotti, Dante Pertini, Carmelo Pozzo, Carlos Atraygues y Alfredo Garasini. Y se sumaron cinco refuerzos, los mejores de esa década del 20, de crecimiento y de gloria para el fútbol argentino: Cesáreo Onzari (de Huracán; el mismo que el año anterior había fundado el Gol Olímpico), Octavio Díaz (de Rosario Central), Roberto Cochrane (de Tiro Federal), Manuel Seoane (de El Porvenir) y Luis Vaccaro (de Argentinos).

El recorrido resultó también un retrato de aquel tiempo. La delegación partió el 4 de febrero, en el Vapor de la Carrera, rumbo a Montevideo, la escala inicial. Y allí se embarcó en el Formosa, para llegar a Vigo 22 días después. Para estar en forma, los futbolistas se entrenaron en la cubierta del barco. El debut fue el 5 de marzo y Boca venció 3-1 al Celta. La seguidilla de partidos fue una sucesión de maravillas: otra vez Celta (1-3), Deportivo La Coruña (3-0 y 1-0), Atlético de Madrid (2-1), Real Madrid (1-0), Gimnástica (1-0), Real Unión de Irún (0-4), Athletic Bilbao (2-4), Osasuna (1-0), Espanyol (1-0 y 3-0), Seleccionado de Cataluña (2-0), Bayern Munich (1-1), NW Berlin (3-0), Spielvereingung (7-0), Seleccionado de Frankfurt (2-0), Eintracht Frankurt (2-0) y Olympique Francais (4-2).

En España resultaron un furor; en Alemania los llamaron Los Malabaristas del Fútbol, en la Argentina la popularidad creció de manera exponencial. Regresaron el 12 de julio, en el barco Mesella. Los recibieron como a héroes después de una consagración para guardar en todas las memorias. Boca se ausentó de la temporada de 1925, que en la Asociación Argentina fue ganada por Huracán. Sin embargo, a modo de título honorífico, la Asociación Argentina lo nombró Campeón de Honor.
Se trata de un caso único en el fútbol argentino. La gira de Boca también resultó una demostración: en los años veinte el mejor fútbol del mundo se jugaba en el Río de la Plata. Así lo corroboró cada contacto internacional. Por ejemplo, en ese mismo 1925, Nacional de Montevideo realizó el recorrido más extenso de la historia: 38 partidos en 190 días entre febrero y agosto, por nueve países del Viejo Continente. Obtuvo 26 triunfos, siete empates y cinco derrotas. También a nivel de selecciones era claro el dominio: Uruguay ganó los Juegos Olímpicos en 1924; y en 1928 venció en la final a la Argentina, que venía de convertir 23 goles en tres partidos a su paso por Amsterdam. Más: cada uno ganó cuatro Copas América en ese período y juntos les mostraron a todos, en la final del Mundial de 1930, que en el sur del mundo el fútbol latía como en ningún otro lado.

Más allá de los resultados con brillo y de las circunstancias épicas, los jugadores de Boca consiguieron algo mucho más grande: fueron un hito, un equipo fundacional. Y en eso mucho tuvo que ver Victoriano Caffarena, un fanático de Boca, quien vendió un campo -a pesar de la resistencia familiar- para pagarse el viaje. No podía estar lejos de su equipo. Y en el trayecto, Toto -como le decían- pasó de hincha a protagonista emblemático: se hizo amigo de los jugadores, fue masajista; también utilero. Por su participación y por su dedicación, los futbolistas le pusieron un apodo que duró para siempre y que se transformó en multitudinaria herencia: el Jugador Número 12.

El mismo Caffarena quiso evocar aquella gesta de sus futbolistas admirados. Lo hizo con los modos de su tiempo: una marcha que se transformó en el himno de Boca. Le solicitó a Italo Goyeche que lo compusiera. Indican que fue ejecutada por primera vez en la casa del propio Toto y que la interpretación al piano estuvo a cargo de una de sus hermanas. La letra fue obra del escritor Jesús Fernández Blanco. Tres años después de la gira, en una cantina del Puerto de La Boca, los hinchas pudieron escuchar su música por primera vez. Empezaba así: "Boca Juniors, Boca Juniors, / gran campeón del balompié, / que despierta en nuestro pecho / entusiasmo, amor y fe. / Tu bandera azul y oro / en Europa tremoló / como enseña vencedora / donde quiera que luchó". Y desde entonces le puso sonido y homenaje a aquellos que hicieron que Boca comenzara a ser Boca.
 
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